martes, 31 de mayo de 2011

Gramófonos en la tierra

Gramófonos rodantes de todos los colores y texturas, a modo ritual, se desplazan alrededor de mi piscina mientras emiten multitud de sonidos acompasados y en perfecta y exquisita armonía. Algunos son grandes, otros pequeños como escarabajos, unos destacan por su altura y esbelta silueta, mientras otros por su gran corpulencia, o extraña apariencia, como es el caso de uno que de entre todos destaca por ser el único translúcido casi transparente, con pequeños pelillos de punta roma y un amplificador enrollado como si del colmillo de un mamut se tratase.


Los gramófonos se mueven sobre las cuadradas losetas que enmarcan mi piscina, ayudados por cuatro pequeñas ruedas. Algunas son de caucho, otras de madera, metal, exceptuando la del gramófono translúcido, que en lugar de ruedas se vale de un par de hélices articuladas que le permiten dirigirse en cualquier dirección. Por su forma de moverse y su engrandecida apariencia no cabe duda de quien lidera esta colonia.


Este entrañable espectáculo se produce solo una vez cada diez años, y, por caótico que pueda resultar a los ojos de un desconocido turista, cada movimiento del ritual está profundamente estudiado hasta el mínimo detalle. La finalidad del ritual es invocar a la luna burbujeante mediante música cafeínica.


Dos semanas antes del día de la luna burbujeante, todos los gramófonos se alimentan exclusivamente de café (bien sea directamente en grano, capuchino, con leche, un bombón…). En sus orígenes esto no era necesario, ya que cuando vivían en su planeta (antes de ser destruido por una oscura, enorme y voraz anguila espacial de cinco cabezas), el gas que los envolvía contenía altas cantidades de café, que les permitía producir notas de café durante todo el año. También gozaban de grandes extensiones de agua plateada, especiales para el día del ritual.


Tras el desastroso y devastador suceso, la mayor parte de los gramófonos fueron arrollados, triturados…víctimas de las recias e imparables fauces de una horrible bestia espacial, que pese a sus grandes dimensiones, contaba con una flexibilidad y agilidad extraordinaria. Tan solo unos pocos se libraron de tales diabólicos dientes serrados, al ser despedidos por el espacio fruto de una tremenda y arrolladora colisión que produjo el inmenso vestiglo de cinco cabezas hacia el planeta tierra.


Hace mucho tiempo en nuestro planeta habían grandes extensiones de agua y vegetación. Hoy solo nos queda un depósito ubicado bajo tierra para evitar la evaporación, con apenas cien años de vida. La situación es muy crítica para el devenir de nuestro planeta, y quizás la respuesta la tengamos en los misteriosos gramófonos que lenta y paulatinamente comienzan a abrirse a la raza humana.


Ellos son los únicos capaces de invocar la luna burbujeante, que, pese a transformar el agua que ingerimos en una especie de elemento plateado tóxico para el ser humano, es enormemente beneficioso para nosotros, ya que una vez el agua vuelve a la normalidad, no solo regresa completamente potable, sino que su cantidad se triplica (quizás la temperatura de su planeta era muy alta). Los gramófonos no consumen ningún tipo de líquido; tan solo se sumergen en el elemento plateado, que creemos les aclara la voz y les permite conocer algunos datos relevantes del futuro con un espacio de un año.


No sabemos por que realizan su extraño ritual solo una vez cada diez años, y todavía no hemos podido conocer cómo invocan a la luna burbujeante. Algunos científicos, junto con músicos, han intentado reproducir sin éxito dicho ritual, porque la clave de nuestra supervivencia, al menos en este planeta, reclama mayor conocimiento de nuestros tan recientes nuevos habitantes.



Creative Commons License
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.