sábado, 22 de mayo de 2010

Crónicas de Árktica

Se extinguen los ciempiés testáceos nocturnos debido a la oxidación provocada por el aliento de la ameba del norte; Mebo es el responsable, y acaba de despertar malhumorado de un profundo letargo de milenios. Está hambriento de robín y la guerra será inminente e irremisible.

Los ciempiés, de más de seis metros de altura, disponen de unas fabulosas mandíbulas duras y flexibles. Gracias a ellos el equilibrio del planeta Árktica está asegurado, pues estabilizan la población de animales herbívoros, que en exceso portarían catastróficas consecuencias no solo para los granjeros, sino también para el nivel de oxígeno del planeta.

La panacea a esta peliaguda situación podria hallarse en las pulgas de nata. Dichos sifonápteros viven en los castillos de merengue, al sur de Árktica, son muy rollizas y generan buena suerte si se les alimenta con cacao volcánico, pero conseguir tal cacao es una tarea muy arriesgada...

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