jueves, 18 de febrero de 2010

El dragón psicodélico


No hay que confundir el género Draco, compuesto por imponentes y frecuentemente alados reptiles de envidiable longevidad, con los Wyvern o pseudodragones, o las serpientes aladas. Los dragones son los lagartos más evolucionados que se conocen, en tamaño, inteligencia y esperanza de vida, además de ser capaces de emitir fuego por la boca, triturando las rocas fosfáticas, las cuales reaccionan en los jugos gástricos generando un gas inflamable que expande sus estómagos al acumular gas, expelido posteriormente y combinado con el oxígeno del aire provocando la inflamación de este.

Sus hábitats son muy numerosos y son cinco sus principales especies, cuyo ciclo vital varía sobremanera según al cual nos refiramos. Algunos dragones viven en Europa, otros en norasia, arabioáfrica, india y oriente. Se cree que descienden de los varánidos y señalan al varano de Komodo indonesio como el descendiente moderno de un supuesto antepasado común, pero hay otras teorías que defienden que descienden directamente de dinosaurios como el Velociraptor. Algunos son cuadrúpedos, con férreas escamas, letales garras rapaces, larga y sinuosa cola y un hocico hastado de respetable cornamenta. Están los que habitan montañas, mientras otros surcan las aguas, o, como es el caso del dragón psicodélico, se guarecen en cavernas espaciosas con paredes calcinadas en señal de aviso para turistas, aunque los cazadores dicen que el aroma "dulce" que despiden las panteras les repele.

El dragón psicodélico vive en hipogeos y cavernas subterráneas de la tierra de los enanos de miel (debido al tono de su piel, ojos, aroma y singular pedomorfia), con los que congenian muy bien, ayudándose mutuamente en sus diarios quehaceres, y mostrando siempre una noble fidelidad, ya que este arraigo tan profundo se debe al origen del primero de ellos, por la poderosa magia de un anciano enano, muy venerado por sus exorbitantes conocimientos e inteligencia.

Esta creación fue a causa de un cruel conflicto entre enanos y gigantes de magma que debilitaban a estos pequeños con sus estremecedoras colas refractantes de morfología palmeada. Cuando perece uno de estos dragones, se descompone en fulgentes piedras preciosas de todo tipo: ojos de buey, ojos de tigre, topacios, ópalos, turmalinas, azuritas, azabache, amatistas, esmeraldas, diamantes...que hechan raices, y crecen otorgando cierta probabilidad de que surja de sus entrañas un nuevo dragón. Cada piedra contiene una energía diferente. Por ejemplo, si esa piedra es un diamante, el dragón poseerá una fantástica agudez mental, telepatía, inteligencia y eléctricos reflejos... El resto de piedras, a las que la vida no les ha brindado su esencia, ofrecerán un amplio repertorio de posibilidades para la comunidad enana: para prender, iluminar, curar ciertas enfermedades, construcción, herramientas para picar la roca, armas y robustas armaduras...


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