jueves, 27 de agosto de 2009

Fungoalien nocturno


Nubes de niebla brumosa asolan los cuitados y fugaces intersticios de translúcida difusión heterogénea. Hongos palpebrales cuneiformes y cabezuelas terminales con flósculos tubulares envueltos en brácteas membranosas que se abren en forma estrellada al madurar sus piógenos frutos, comparten simbióticamente, junto con algunos solípedos mutantes, el entorno custodiado por silenciosos e inquietos fungoaliens nocturnos, de iridiscente y algo asimétrica silueta.
Provistos de dos pares de antenas y levitatorios ojos fúlgidos perfectamente esféricos, navegan por las fructuosas tierras, amuralladas de conspicuas cadenas montañosas de ardiente y fogoso vino amontillado, posible candidato a la espirituosas y desinhibida vida de sus variopintos habitantes.
El flexible y gelatinoso cuerpo de los fungoaliens nocturnos, les permite, en plena excavación, ocultar en su interior sus sencillos ojos carentes de párpados, además de sus antenas. Aguzados pies y hocico, y demoledoras garras, hacen de estos individuos, (a parte de dignos de tomar en serio), unos formidables trabajadores de la tierra, capaces de penetrar incluso el incorruptible diamante, el cual constituye uno de sus manjares precilectos a estos seres de presuroso metabolismo.

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