jueves, 27 de agosto de 2009

Fragmentado Lunar


700 años atrás tuvo lugar un gigantesco y bullicioso éxodo por parte de los Marcianos, en busca de Europa, uno de los más de 52 retoños que danzan por el manchado planeta rubicundo. 3535 desde que nuestros antepasados terrestres estuvieron impepinablemente destinados a abandonar su otrora almibarada tierra que ahora se deshilvanaba sin cesar.
Las vertiginosas profundidades de Europa, contemplaron como mi bella efigie emanaba del interior de un nacarado y apenas diáfano huevo de impoluta e inmaculada presencia. Desde mi origen, con frecuencia, mi abuelo me ha contado las intrépidas aventuras de nuestros lejanos antepasados. Una de ellas versa sobre un ente, nocturno y caprichoso, místico adalid de la enjundia vaporosa lunar a principios de año, fecha cuando el aura terrestre, agitada químicamente, mutaba al contacto con ciertas chirivitas espaciales defectuosas de ignota vibración meteórica. Había quien opinaba que todo aquello era obra del mismísimo demiurgo, absoluto ordenador del cosmos.
Era antemeridiano, y el telón celestial se tintó de un enrarecido y asalmonado castaño. La luna parecía cobrar luz propia, y el empeler de un impávido y peludo cefalópodo de angora, de vivo electrizante azul, cruzose por mi camino deleitándome embadurnado bajo su espeso y corrosivo manto color azabache, que envolvía y atacaba futilmente mi acorazado e inmarcesible chaleco de exploración subacuática. Aquellos momentos de júbilo propulsaron mi trampolín hacia la vieja historia de mi ya exangüe y senil progenitor, fruto de su fasto periplo a través de la mente de mis antecesores... Decia mi viejo: A veces excelso, a veces inicuo, su inescrutable vagar, sus horrísonas frecuencias, fragmentado lunar era su nombre. Auténtico aglomerado de orgánico parecer, asidos a un esmaltado y translúcido cayado crepuscular muy bien acicalado, mostraba unos escuetos y serpentinos dedos de aguda y definida terminación, con ubérrimas raíces que brotaban entremezcladas sobre un curvado y delgado pico nocturno de incierta procedencia, que lucia el delicado y conservado cráneo de ave razas, con promiscua sutura occipital mutada en el promedio con un quitinoso y semivisceral vestiglo, provisto de complejo y delicados órganos adventicios.

PD: He leído en algunos libros que la raza humana lucía un pelaje capilar de variable grosor y flexibilidad. Su piel era porosa y respiraban una sustancia que llamaban oxígeno u O2, gracias a una especie de sacos abombados. Eran seres oblongos en su mayoría, y estaban dotados de 4 o 5 miembros locomotores (este dato no se sabe con certeza).

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